Fragments de “Un pas cap al cel” de Marius Stompfen.

    


    Yo, Marius Stompfen, humilde monje de la orden benedictina que vive en Colonia, he escuchado y recogido estos cánticos de una mujer anciana que vivía oculta entre la gente del pueblo. Ella, ya muy vieja y cansada, a menudo recitaba estas palabras con voz débil pero llena de paz, como si en ellas encontrara un consuelo para su espíritu.

    No sé de dónde vienen estos versos, ni qué significan más allá de su sencilla belleza. Pero quise escribirlos y dejarlos como un recuerdo de que Dios da fuerza y esperanza incluso a quienes ya sienten que su fin se acerca.

    Estos ochenta y siete cantos me parecieron una oración en forma de poesía, un camino suave para acercarse a la luz del Cielo, donde la anciana puede encontrar la paz eterna. Espero que quienes los lean también encuentren un momento de paz y confianza, y que Dios los guarde siempre.

En Colonia, año 1152,
Marius Stompfen, monje benedictino.


Canto 14: Susurros del alba

Con sangre de gnomo y albahaca fresca,
mezcla sutil que al alma hace canto,
que en la noche serena se refresca,
despierta el sueño, abre el encanto.
Se une salvia pura que no cesa,
y agua bendita para el manto,
que al beberla el ser se siente leve,
y el vuelo divino pronto se mueve.


Canto 23: Sombras en el arroyo

Bajo cuerno de trasgo oscuro,
y hiel de escolopendra amarga,
ojos de serpiente en veneno puro,
y uña de viuda que nada alarga.
Se sella la mezcla con gesto impuro,
el diablo ríe mientras el alma carga,
quien bebe el brebaje fatal,
se pierde en sombras, dolor mortal.


Canto 87: Brisa de luna

Con luz de luna y espora de helecho,
se alza el alma en vuelo callado,
suaviza el cuerpo con aire derecho,
y el espíritu queda encantado.
La mezcla al hervir se vuelve un lecho,
de sueños claros, cielo sagrado,
quien bebe y sueña, dulce consuelo,
camina el camino bajo el cielo.


Canto 61: Danza de estrellas

Laurel y belladona en danza secreta,
con luz solar forman el trato,
en viejas ollas, lenta receta,
para abrir puertas del divino trato.
Al tomar la mezcla que el alma aprieta,
se rompe el velo, se alza el relato,
quien bebe y siente en su interior,
despierta la llama del amor.


Canto 3: Canto del río

Astilla de la vera cruz sagrada,
agua bendita que limpia el alma,
salvia que cura y paz otorgada,
que calma el cuerpo, calma la calma.
El néctar une la fe sagrada,
que lleva al cielo, a la santa palma,
y quien bebe en fervor y paz,
hallará camino que no se va.


Canto 32: Eco en la caverna

Uña de viuda y sangre de gnomo,
mezcla oscura que aprieta el pecho,
hiel de escolopendra, sombra y tomo,
seta venenosa que deja despecho.
Quien bebe esta oscura condena,
ve danzar al diablo en su despecho,
la mente se pierde en dolor cruel,
y cae en sombra sin volver a ver.


Canto 7: El vuelo del viento

Seta y laurel con luz solar,
mezclados al alba en vaso santo,
preparan camino para volar,
alma y cuerpo en dulce canto.
Con salvia pura que sabe a mar,
el espíritu se eleva alto,
quien bebe en canto sin temor,
explora el mundo del gran amor.


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